jueves, 31 de mayo de 2012

Una historia de terror

Nota de la autora: Esta es una historia de ficcion, todos los personajes mencionados son imaginarios.

Era un día común y corriente en el aeropuerto, la van de la aerolínea la recogió como siempre. Por más que quiso no pudo dormir, dada la corta distancia que había entre su casa y el Aeropuerto.

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Hacía poco que Susana había empezado a trabajar en el counter, antes había trabajado en atención al cliente pero siempre tuvo en mente trabajar en ese ambiente tan sofisticado donde podía practicar su ingles y otros idiomas de los turistas que por ahí pasaban.

Aunque espero trabajar en una gran aerolínea acepto el puesto que le ofrecieron en la naciente AeroStar ya que tenia vuelos nacionales e internacionales.

Pero no todo era felicidad en su nuevo trabajo, algunas aeromozas la miraban por encima del hombro y eso no le gustaba, por eso se esmeraba en su arreglo personal y en su manera de hablar, en especial cuando lo hacía en algún idioma diferente al español. Otro aspecto que le intranquilizaba eran los agentes de prevención de tráfico de drogas y de la DEA, que deambulaban de incognitos o con sus perros por todo el aeropuerto.
A veces le daba lástima cuando atrapaban a algún burrier, se imaginaba la situación difícil por la que – quizás – atravesaban para llegar al extremo de transportar droga, o lo inmaduros que tendrían que ser para pensar que ese era un camino “fácil” para obtener dinero.

Desde que empezó había visto desde los usuales burros que traen la droga escondida en la maleta – de las formas más ingeniosas -, los que ingieren capsulas de cocaína y que son traicionados por sus propios nervios hasta las personas que aunque inocentes despertaban las sospechas de las autoridades y terminaban con sus maletas destrozadas y los nervios aun mas crispados.

“Pero les reponen la maleta al menos”- le contaba a su esposo Camilo.

Una de las reglas más importantes – entre muchas otras - era que no se podía acercar ni antes ni después a ningún sospechoso, eso la podría perjudicar y hacer ver como cómplice, así que la cumplía al pie de la letra.

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Pero ese día en especial no vio nada sospechoso en aquella mujer de cabello largo que sostenía a un niño pequeño en brazos, estaba dormido, aparentaba tener menos de un año y lo tenía tapado con una colchita celeste.

Si bien no se podía acercar, se entretuvo viéndola con detalle. Tenía el pelo bastante descuidado de un color casi cucaracha, su piel un poco pálida estaba marcada por ligeras arrugas, pero la más pronunciada era la que tenia entre las cejas. Traía un buzo celeste sintético y unas zapatillas blancas, casi nuevas. Su vuelo partia rumbo Madrid y estaba a quince minutos de perderlo.

“Debe renegar mucho o dormir poco, quizás por el niño”- pensó.

Los agentes le quitaron las valijas y las empezaron a revisar, sacaron todo pero no encontraron nada, destriparon las maletas esperando encontrar alguna superficie donde poder colocar el químico que cambiaria de color indicando que se trataba de clorhidrato de cocaína y nada.

Cansados de buscar en las maletas llamaron a un agente de la DEA que se acerco con un perro, a Susana le recordó al perro del programa de los 80’s “Tres por tres” entro muy amigable pero se fue directo a la maleta – guiado en parte por el agente encargado – luego, para sorpresa de todos se abalanzo sobre la señora y el niño.

Susana espero que el niño despertara, sin embargo solo se escuchaban los pedidos de la señora para que le quitaran al perro de encima, por nada del mundo soltaba al bebe que tenía en brazos.

“El instinto maternal”- pensó.

Pero al agente de la DEA le pareció extraño su comportamiento y el hecho de que el niño no se sobresaltara al sentir el peso del perro y los sonoros ladridos que emitió al acercarse.

“Señora deje al niño en la mesa.”

La mujer lo miro y con expresión resignada dejo al pequeño sobre la fría mesa de metal a la que la habían llevado para interrogarla y revisar sus cosas. El agente se acerco y destapo al niño que yacía como dormido.

Susana lamento haber gastado tanto en desayuno ese día en la cafeteria mas fashion del aeropuerto, lamento no haberse enfermado ese día y haber faltado, quizás así se hubiese evitado ver lo que vio y solo habría sido un chisme mas, uno truculento pero chisme al fin. No habría ninguna imagen asociada a el, pero no había nada que hacer.

El niño que aparentemente dormía en los brazos de su madre era el cadáver de un bebe de aproximadamente nueve meses, estaba de alguna forma disecado con una costura que iba desde el inicio del cuello y terminaba debajo del ombligo, lo habían usado de burro y estaba relleno de droga.

Salió del cuarto mareada y pálida, con unas ganas intensas de vomitar pero sobretodo con un deseo inmenso de sufrir de amnesia en ese instante y olvidarse de lo que había visto, pero no pudo. Necesito de un largo rato para recomponerse, pero finalmente lo logro, sin embargo la imagen se le quedo grabada de por vida.

Desde ese día Susana perdió un poco la fe en la humanidad, comenzó a creer que un pedazo del infierno estaba aquí en la tierra y que andaba esparciendo por todo el mundo sus blancas semillas.

Fin.

lunes, 28 de mayo de 2012

Lorenzo - Parte III

“Lorenzo el desayuno ya está listo…” – le decía Pamela
“Ay ya un ratito mas, déjame dormir un ratito mas…” – modorreaba Lorenzo

Se levanto con flojera se puso las pantuflas y se fue al baño. Se ducho y aseo, se puso casi en modo automático el uniforme plomo. Bajo al comedor.

Micaela estaba lista tomando el desayuno, las trenzas que Pamela le había hecho le apretaban tanto que parecía la nieta del señor Miyagui. Graciela supervisaba que Lucas no se quemara con la avena caliente. Benito leía el periódico y comentaba de rato en rato con su esposa.

“Buenos días jovencito, es el mayor y se levanta ultimo” – con los años se había vuelto un poco más duro con Lorenzo, dizque para forjarle el carácter, aunque no se aguanto y le meso el cabello despeinándolo.
“Papa! Ya pues…” – se quejaba Lorenzo
“Mucho gel, mucho gel!”

Llevo a los 3 al colegio, antes de bajar repartió las propinas entre los dos mayores y se encargo de llevar a Lucas que aun estaba pequeño para cargar mochila y lonchera.

“Chau Mica, nos vemos a la salida fea!” – se despedía de su hermanita mientras le jalaba una trenza.
“Y tu mostro… le voy a decir a mi papa que me jalas mis trenzas!”

Don Justino era el conserje del colegio, vivía con su esposa y su pequeño hijo en una casita de triplay al lado del estrado principal que quedaba en el patio. Su esposa también se encargaba de la limpieza general y en sus ratos libres se las agenciaba para vender sanguches de pollo y “marcianos” (helados de hielo), estos eran los favoritos de Lorenzo.

Ese día durante el recreo Lorenzo fue a tocar la puerta de la casa de Justino.

“Seño deme 1 marciano de lúcuma con leche por favor”
“Pasa Lorencito, pasa que estoy con el bebe” – Le dijo María.

La casa era en realidad una caja con huecos en los altos que asemejaban ventanas, un solo ambiente que había sido dividido por cortinas. Lorenzo siempre que entraba intentaba adivinar dónde estaba el baño. La cocina estaba pasando el “patio” de la casa de Justino – que no era más que un par de metros cuadrados donde María colocaba las bateas con la ropa que lavaba. Entro a la cocina abrió la refrigeradora saco el marciano y dejo la plata sobre la mesa.

“Estoy dejando la plata encima de la mesa seño…”
“Ya hijo, gracias.”

Salió de la cocina, cuando se dirigía a la puerta escucho:

“cuac!”

Se detuvo, empezó a mirar a los lados.

“cuac cuac!”
“Seño María, ¿aquí hay patos?”
“Si Lorencito, Justino los ha traído hoy del mercado, para comer dice”

Detrás de unas cajas apiladas estaban dos patitos metidos en una caja de leche Gloria, a Lorenzo le llamo la atención las franjas a los lados de la cabeza de cada patito, le recordaban a las tortuninjas, tenían el pecho amarillo y todo lo demás era de un negro brillante.

“Están bonitos, seño”

Lorenzo salió y se comió rápido el chupete, Vilela el profesor de educación cívica y el encargado de la disciplina de los grados secundarios había tocado ya el pito que indicaba que el recreo había finalizado.

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Jorge Vilela era un "poquito" chauvinista, al menos eso decía Benito cuando Lorenzo le contaba las cosas que les decía cuando les llamaba la atención.

Era usual que en los intervalos entre una materia y otra los chicos del 5to grado se “relajaran”, esto significaba sentarse en el piso y conversar de nada, jugar a tirarse papelitos, rellenar slams o escribir poemas como Lorenzo hacia mientras no lo veían sus amigos. Le gustaba una chica - Pilar - y desde que supo que ella le correspondía no dejaba de escribir, era como una catarsis para ese remolino de sentimientos nuevos que lo embargaban.

Un día mientras reinaba la anarquía en el salón se escucharon los pasos de Vilela, todos los chicos se pararon y Lorenzo guardo rápidamente sus apuntes.

“De pie!”

Comenzaba entonces con su acostumbrado discurso “patriótico”, recordando a los soldados de la guerra del Pacifico, a las mujeres vejadas y a las bibliotecas incendiadas de aquella época.

“Y ustedes que tienen la oportunidad de estudiar se la pasan perdiendo el tiempo!”

Todo mientras caminaba de forma – ligeramente – amenazante, mirándolos a todos por encima de sus amarillentas gafas.

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“Firme! Descanso! Atención!”

Mientras Vilela informaba sobre los preparativos del aniversario del colegio – que se celebraría el sábado de esa semana – unos extraños ruidos irrumpieron en medio del patio principal.

“cuac!”

Intento sin éxito continuar con la descripción de la kermese, de los sorteos y del castillo de fuegos artificiales para cerrar la celebración, ya nadie lo escuchaba.

“cuac, cuac!”

Todos empezaron a reírse, si Vilela hubiera tomado deportivamente la situación quizás ese hubiera sido el único, y extraño, momento - desde que Lorenzo lo conocía- en el que lo había visto reír .

Pero ocurrió todo lo contrario, Vilela rojo de cólera dio rápidamente las indicaciones para que los alumnos retornaran a sus aulas, mientras miraba alrededor para ver de donde provenían los “cuacs”.

Lorenzo y su amigo Divi se quedaron agazapados detrás de los muros del balcón, alzando la cabeza de rato en rato para ver qué pasaba. Así fue que vieron a Vilela entrar a la casa de Justino, aunque no escucharon lo que ahí dentro acontecía se imaginaron la regañada que – efectivamente – le dio a María por tener animales en su casa. Solo alcanzaron a verlo salir con la caja donde Lorenzo imaginaba que estaban los patitos.

Temiendo por el destino de los animalitos busco a Justino en el baño de hombres y le conto lo sucedido.

“Justino si deja a Vilela con esos patos seguro se los lleva a su casa y los convierte en arroz con pato”
“Pero que hago pues Lorencito, no tengo donde ponerlos”
“mmm… creo que los puedo llevar a mi casa, dígale a Vilela que los va a vender al mercado y me los da a la salida” - Lorenzo no había tenido una mascota desde su conejo Brad Pato así que imagino que su papa no iba a oponerse a su decisión.

Así fue como Vilela – aun masticando su cólera – le entrego a Justino los patitos y este a la salida se los entrego a Lorenzo.

“Yo solo te digo que no quiero esos patos ensuciándolo todo en el patio, son tu responsabilidad esa es la única condición para que se queden” – le advirtió Graciela.
“Si se portan mal los cocinamos pues mami” – intervino Micaela.
“Calla monga, a ti te vamos a cocinar …pero las trenzas!”

Pasaron los días y efectivamente Lorenzo se hizo cargo de los patos sin ningún problema. Meses después, Cua cua y Gansito, aquellos lindos y tiernos patitos se convirtieron en patos grandes y gordos. Ambos machos no presentaban ningún problema y vivían en armonía en el patio junto a los pájaros de Graciela.

Hasta que llego el día en que Lorenzo se lastimo el tobillo.

Cuando llego a su casa cojeando del colegio, Pamela se alarmo y llamo a Graciela que aun estaba dictando clases en el turno tarde.

“Pero que paso hijito?”
“Nada mama, jugando a la pelota en el recreo pise mal y me lastime nada mas, no te preocupes” – invento para no decir que se había doblado el tobillo al bajar distraído un escalón, por andar mirando embobado a Pilar.
“Vamos a ver como evoluciona, si no es nada debe estar mejor en unas horas con la pastilla que le he dado”- contesto Benito.

Ya en la noche el tobillo se le había hinchado y cuando lo llevaron al médico este dijo que lo que tenía era un esguince y que había que enyesarle el pie durante quince días para que sane bien.

“Ahora ¿quien va a cuidar mis patos?”
“Yo puedo, papa, yo puedo!”
“Tu estás loca? No quiero que mis patos mueran estrellados por Pamela o que se escapen a la calle y les atropelle un carro.”
“Ya no te pases Lorenzo, dale una oportunidad a tu hermana”- finalizo Benito.

Al principio Micaela se hizo responsable de los patos con mucha dedicación, pero con el tiempo fue aflojando y “engriéndolos” demasiado.

Una tarde en que Lorenzo descansaba en su habitación – caminar con yeso requería mucho más esfuerzo – oyó unos estruendos en el patio.

“cuac! Cuac! Cuac!”

Micaela había dejado a los patos fuera de su jaula, Cua cua y Gansito no encontraron mejor actividad que comerse el pasto mientras ensuciaban todo el patio. Todo el jardín era una piscina de lodo y regalitos de los patos.

“Micaela mete a los patos en su jaula sino le diré a mi papa cuando llegue!”
“Pero no caben están todos apretados en esa jaula, no es mi culpa ya?”
“Tiene razón Lorenzo, esos patos están muy grandes hay que ponerlos en un lugar donde estén libres y puedan andar a sus anchas” – le dijo Pamela.

Lorenzo se dio cuenta que tenía razón y esa noche lo converso con sus papas.

Ningún tema relacionado a sus hijos era poca cosa para Benito así que le propuso conversar con un amigo suyo de Lima, que trabajaba en el parque de las leyendas, quizás ahí podrían estar mejor atendidos con otros animales y en un lugar más apropiado. Al principio a Lorenzo le dio un poco de pena separarse – nuevamente – de sus mascotas pero luego entendió que era lo mejor.

Así fue que al día siguiente se comunico con Rodrigo que también era veterinario, este acepto la propuesta, pero le dijo que no le aseguraba que los animales se acostumbraran al ambiente o al clima, sin embargo le tranquilizo diciendo que las probabilidades de que asimilaran el cambio eran bastante altas.

“Lo vamos a llevar juntos a Lima, tengo que ir un par de días y podemos pedir una licencia en tu colegio para que me acompañes”
“Y mi yeso?” – le contesto Lorenzo mientras se miraba la bota toda llena de autógrafos de sus amigos de colegio y garabatos de Micaela y Lucas.
“Te lo quitan en un par de semanas, ahí vamos, no te preocupes.”

Durante ese tiempo Pamela, con el consentimiento de Benito y Graciela, permitió que los patos estuvieran en el patio todo el tiempo que quisieran, total igual tendría que reponer sus flores, limpiar y colocar el pasto nuevamente.

Cua cua y Gansito como presintiendo su partida hacían más ruido que de costumbre – y mas desastre – como para llamar la atención de Lorenzo y Micaela.

Cuando llego el día del viaje, cada pato fue ubicado en una caja grande y fueron dispuestos en la parte de atrás de la camioneta de Benito, Lorenzo se sentó en el asiento de copiloto y juntos emprendieron el viaje que tomaría unas 16 horas de Cajamarca a Lima. Pararon solo para desayunar y llegaron a Lima al mediodía.

Lo primero que hicieron antes de instalarse en el hotel – e incluso almorzar – fue ir al Parque de las Leyendas donde los esperaba Rodrigo.

Lorenzo imagino que todo demoraría el tiempo suficiente para acostumbrarse a la idea de dejarlos pero todo sucedió muy rápido.

“Benito! Como estas compadre, este es tu hijo? Que grande estas Lorenzo”
“Si hermano tengo 3, Micaela y Lucas están en Cajamarca, hemos venido solo los dos. Saluda hijo”
“Como esta señor, donde los va a poner a mis patos?”
“Hay un estanque donde van a estar bien cómodos y un área donde pueden caminar como quieran, no te preocupes van a estar bien atendidos acá.”

No hubo necesidad que entraran al parque, Rodrigo había traído su camioneta, cargo cada caja conteniendo a Cua cua y Gansito, que lucían algo nerviosos.

“Bueno hermano, a ver si nos vemos antes que regreses pues, con la gente de la promoción”
“De acuerdo Rodrigo te dejo mi tarjeta avísame nomas y lo coordinamos”
“Cuídate Lorenzo, no te preocupes por tus animales”
“Está bien señor, hasta luego”
“Chau.”

Rodrigo subió a su camioneta, arranco y comenzó a avanzar por el estacionamiento del parque, Lorenzo como impulsado por la nostalgia comenzó a seguirlo, primero caminando y luego corriendo como podía – aun no se acostumbraba a caminar sin el yeso – luego se detuvo, quizás por la vergüenza de expresar esos sentimientos en frente de su padre – ya no era un niño -o por que le empezó a doler el tobillo por el esfuerzo.

“Tranquilo hijo, van a estar bien, has tomado una buena decisión hijito.”
“Si estoy bien papa, estoy bien.”

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Un año después, Lorenzo regreso a Lima para estudiar Veterinaria en la San Marcos, junto a Divi que estudiaría Derecho en la misma universidad. Decidieron un fin de semana ir al parque para saber que había sido de los patos de Lorenzo.

Se acercaron al estanque de los patos, había muchos nadando contentos, si bien no reconoció ni a Cua cua ni a Gansito, uno de los patitos se salió del estanque y se acerco a la reja que separaba a los animales de las personas, saludándolos con un “cuac cuac!”.

“Oye Lorenzo, ahí está pues ese debe ser tu pato” – le dijo Divi con un poco de sorna.
“No seas palomilla pues Divi…la verdad no lo sé, pero me parece que este hasta me está sonriendo.”

Fin.

domingo, 29 de abril de 2012

PC LOVE III

Llego el día y la llamo temprano, no le contesto porque estaba en clase así que solo leyó el mensaje que él le mando:

“Solo quiero saber si sigue en pie lo del almuerzo ¿nos vemos a la una?”
“Claro que si, te espero”

Termino su clase y lo espero, hacia un sol de los mil demonios ese día. Cristina primero había decidido decirle a Isabel – la chica que iba a limpiar su departamento todos los sábados – que ese día fuera temprano, de forma tal que si se le antojaba ir con él para estar a solas no hubiera inconveniente, fue más impulso que algo maquinado. Finalmente le pidió a Isabel que fuera a su hora habitual.

Espero y espero, Humberto demoro 30 minutos más de lo acordado en llegar, finalmente se encontraron y se metieron a un taxi que los llevaría a la calle Berlín donde estaba el Edo, el restaurant elegido.

“Cuando llegue Lucia me estaba esperando con un peluche y me beso en la boca, me sentí rarísimo, creo que no sentí lo que ella sintió” – le confesó mientras esperaban la mesa.
“Pero que quieres pues es normal, esta ilusionada, ¿Cómo vas a decir que no sientes nada? Qué horror contigo.”

Se sentaron, conversaron de todo un poco, comieron muy rico. Pagaron la cuenta entre los dos, salieron.

“Bueno me voy por allá, porque ahí tomare mi carro”- rompió el silencio Cristina -, aun estaba dudando porque le quedaba tan bien ese polito blanco que dejaba ver sus músculos. “Esta para comérselo” - pensaba.

Sin embargo el le había dicho que de ahí se iba a recoger a su chica – para hablar con ella de la situación del aeropuerto, aunque ella no le creía ni media palabra – así que no estaba tan entusiasmada. Siguieron caminando sin saber bien que hacer.

El sol no se ocultaba todavía y Cristina se canso de esperar el micro.

“Voy a tomar un taxi hasta Metro”
“Ok”- Humberto debió decir “bueno, entonces me voy” – eso esperaba Cristina – pero se quedo ahí mirándola expectante.

Se subieron al taxi y en unos minutos estuvieron en Metro, compraron agua.

“Me voy a ir a pie a mi depa, vamos?”
“Ya.”

Tal y como esperaba Isabel estaba en su departamento, pero ni bien vio que Cristina tenia compañía limpio todo muy rápido y se fue. Humberto se había acomodado plácidamente en el único mueble que Cristina tenia así que ella saco la laptop del dormitorio, la llevo al comedor y puso algo de música. Estaba nerviosa porque no era directo pero tampoco se iba, supuso que el también estaba nervioso y no sabía qué hacer.

Ese día se había puesto una falda de corduroy y se moría de calor, así que mientras Humberto contestaba una llamada de su chica, se metió a su habitación a cambiarse.

“¿Puedo ver tu cuarto?”
“mmmm..claro pasa.”

Cristina pensó que como había pasado con otras visitas el solo se asomaría y se regresaría a donde la estaba esperando. Pero se equivoco, Humberto entro y se sentó en su cama, como probando lo suavecito del colchón, hasta quedarse echado totalmente. La situación era muy extraña y no le parecía nada “motivadora” – además del hecho de que su chica le llamaba cada 20 minutos. Se sentó al lado de la cama en una silla grandota de madera.

Después de la llamada de su chica Humberto no vio mejor actividad que ponerse a ver su Facebook, ella lo miraba y no veía la hora de que diga las palabras mágicas “Bueno me voy”, pero eso no paso. Prendió un cigarro y se quedo escuchando música hasta que el la quedo mirando y extendió su musculoso y bien contorneado brazo hacia ella.

Realmente se aburrió y le dijo:

“Humberto ponte mas allá” – estaba echado en el medio de la cama.

Se recostó a su lado y empezó a ver con más detalle los tatuajes que tenía en cada brazo. Ella no era de tatuajes, le parecían una tontería, pero que bien le quedaban a él.

“Voy a dormir un ratito” – le dijo él.
“Ok.”

Ella se puso de costado y el también, dándose la espalda. Cerró los ojos y en dos segundos la estaba abrazando. Pero era como algo temeroso, ósea no estaba a cargo de la situación, Cristina sintio que nadie estaba a cargo.

“Esto era lo que querías no?”- le decía mientras lo besaba.

Había tenido tantas ganas de estar así con él, sin embargo algo inesperado paso.

Humberto quería ir “directo al grano” así que la besaba apresurada y frenéticamente – esto le hubiese gustado en otra situación – pero esta vez en particular Cristina no sentía nada. No sentía placer por los besos que le daba o por los que él le profesaba. No sentía gusto por tocar su cuerpo, sus brazos o acariciar con sus dedos los tatuajes que traía impresos. Hizo su mejor esfuerzo pero se dio cuenta que si tenía que esforzarse en sentir debía parar.

“No puedo, no siento nada, lo siento, lo siento”
“Ay” – fue lo único que contesto Humberto.

El se quedo boca arriba a su lado. Ella intentaba acariciarlo porque se sentía culpable de lo que le acababa de decir.

“No me toques, no me gusta que me toquen el pelo” – le decía mientras ella le quería acariciar los dedos y el los alejaba.

Se levanto y se empezó a vestir, en ese momento Cristina se sincero.

“Pucha Humberto creo que tu chica, saber que estas con ella y que te llama a cada rato me jugo en contra”
“No te preocupes”
“Mira yo de verdad deseo que te vaya bien con ella”
“No lo sé”
“Ay pero si van a viajar juntos seguro ahí se arreglan”

Resulta que Humberto le había pagado unas vacaciones completas a su nena, se irían el martes de esa semana  y regresarían el sábado.

“Hoy hablare con ella a ver qué pasa”

Se termino de vestir y se fue. Ella le pidió hasta el final que se quedara, se sentía mal por toda la situación, por lo que le había dicho, quizás había lastimado sus sentimientos o su ego.

“Espero que nos volvamos a ver antes que me vaya”
“Yo también Humberto, yo también”

Se quedo sola en el pequeño departamento, se sentía confundida, incomoda consigo misma. Aunque se dio cuenta que había sido lo mejor, si la situación hubiese llegado a mas quizás la sensación hubiese sido peor.

Pasaron los días y ella decidió escribirle para ver cómo estaba y pedirle disculpas si su comentario le había hecho sentir mal.

“No sé de que hablas, así que como no recuerdo a que te refieres no tengo porque sentirme mal, ojala tengamos tiempo para vernos antes que me vaya”- le contesto.

Cristina sintió que Humberto estaba toreando la situación, que quizás era mejor así, no hablar más de ello. Recordó su negativa para el encuentro y la insistencia de él. Supo después que se había ido de viaje con su chica y que quizás no había aclarado las cosas con ella como le había dicho. Decidió que no era buena idea seguir manteniendo contacto con él.

“No creo que tenga tiempo para vernos”- le contesto, lo saco de su Facebook, del MSN de forma que no volviera a saber de él, mas nunca.

Semanas después recibió un mensaje suyo.

“Cris porque me sacaste de tu Facebook, con razón no te veía conectada.”
“mmmm…la verdad es que tengo demasiados inmaduros emocionales en mi vida, no necesito otro. Pero no estoy molesta contigo que te vaya bien”
“Inmaduro emocional?, si es porque no te pude volver a ver es porque no tuve tiempo. Puedes verificarlo en mi Facebook, creo que te equivocas con lo de inmaduro emocional”
“No es necesario, además piensa que más vale lo que pienses de ti, que lo que piensen los demás”
“Oh.. Gracias, que buena amiga eres.”

Cristina le dio pena así que decidió decirle la verdad:

“Mira yo no quiero que las cosas queden así horribles entre tú y yo. Porque la verdad te aprecio y no me gusta dejar cosas no conclusas con las personas que aprecio.

Te saque de mi Facebook, de mi MSN porque en todo este tiempo que te volví a "ver" conocí cosas de ti (cosas de tus relaciones con chicas), cosas que no me agradaron del todo y te las dije. Entonces pensé que como éramos amigos esas "cosas" que me contabas pues no eran tan importantes.

Pero luego querías que nos viéramos cuando llegaras a Lima, yo me negaba porque sabía que iba a pasar lo que paso. Y si a ti no te afecto, pues a mi sí. Me sentí rara, culpable, "una más de las chicas que te querían ver" mientras tu flaca te llamaba cada 5 minutos. Eso no va conmigo.

Es por eso que decidí cortar contacto contigo porque no me puedo dar el lujo de mantener una "amistad" medio ambigua (quizás solo de mi parte), no me hace sentir bien. Y me quiero sentir bien.

Yo se que debes estar en tu modo racional (en tu modo practico, que no se hace bolas por tonterías), así que esto te debe llegar. Pero igual te lo quería decir.”

El contesto después de un rato.

“No sabes cómo me siento, termine con mi chica y ahora estoy solo, no quise que pasara lo que paso entre los dos, yo se que fui a tu cuarto y me eche en tu cama” – y me puse en bandeja – “pero no se Cristina, me siento muy mal. Nada de lo que te conté tiene que ver con nuestra amistad. Creo que tengo una crisis, estoy solo y es lo mejor”

“Oh pobre cachorrito, adoptémoslo!” - Cristina recordó a esos hombres manipuladores que en cuanto les hablas con sinceridad – de esa que te puede hacer ver vulnerable – se aprovechan y se hacen pasar por pobres víctimas de las circunstancias. Pensó en Ana y pensó en la chica de Humberto que lo espero con su peluche y sus ilusiones en el aeropuerto y se dio cuenta de que él no estaba pensando en ninguna de ellas porque solo pensaba en el.

No le contesto nunca más, le puso el letrerito mental de “prohibido” y esta vez sí borro su número de celular, sin arrepentimientos.

PC LOVE II

Pasaron los años, 6 años para ser exactos y Cristina había cambiado de ser una chiquita tímida e insegura a ser una mujer – tímida y menos insegura - que manejaba su vida. Una noche en la que estaba vagando en Facebook apareció una invitación.

Era Humberto, cuando entro a ver su perfil se dio cuenta que no estaba en Perú, aparecía el nombre de una universidad de Panamá. Como estaba aburrida decidió aceptar su solicitud a ver que pasaba. Ni bien lo hizo Humberto se conecto y le hablo. Al principio fueron bastante políticos, ninguno hablo de nada de lo que paso entre ambos, hasta que ella decidió ser sincera y empezar a recordar ciertos detalles de aquella época.

Se entero que estaba viviendo con aquella chica por la que la había “choteado” hace varios años. Sin embargo no eran pareja ni nada, había pasado algo entre ellos dos, algo que a Cristina le pareció la cosa más loca que había escuchado en mucho tiempo.

Resulta que todo el tiempo que Humberto había estado chateando con la que él creía que era Verónica, su actual roomate y ex amor, había sido realmente la mama de ella la que había tomado la identidad de su hija para hacer realidad algún tipo de – truculenta – fantasía.

Inclusive había mandado fotos de su propia hija, conversado con el por teléfono y todo lo demás. Hasta el punto de influenciar el destino que Humberto finalmente escogió para seguir un estudio de posgrado, en Panamá.

“Pero si todo fue una farsa, ¿Cómo puedes seguir viviendo con ella?¿Estas loco?”- contestaba sorprendida.

No comprendía porque él seguía teniendo en su entorno a gente mentirosa, cuando se entero de que en días festivos visitaba con Verónica a los papas de esta y que el único – pobre tarado – que no sabía de todo el entuerto era el esposo de Sandra, mama de Verito como la llamaba el cariñosamente.

Conversaron por horas y al día siguiente Cristina recibió un correo de él, donde le decía lo mucho que le alegraba haber vuelto a contactar con ella. Se mostraba muy coqueto y a Cristina no le vacilaba mucho la idea, estaba saliendo con un chico y no se sentía bien flirtear con uno – así sea a distancia – mientras salía con otro. Así que lo cuadro en una y le dijo que también le alegraba haber recuperado a un amigo – subrayado y en negrita.

Y tanto se lo repitió que él le empezó a abrir su corazón y confesarle cosas que ella sabía que de otro modo no las podría haber conocido. Se entero de que aparte de Verónica también existía Ana, una cubana que a todas luces estaba enamorada de él.

“Con Ana a veces compartimos cama pero no siento nada por ella”
“Pero si sabes que ella está enamorada mejor déjala pobrecita…”
“Es que la necesito, necesito estar con alguien de vez en cuando, pero si es la misma persona al final como que me aburro…”
“Asu …”

Se dio cuenta que Humberto tenía una concepción un poco extraña de las relaciones y que tenía – al menos para ella – serios problemas en el ámbito de la intimidad. A veces recordaban aquella conversación – hot, hot, hot – que habían tenido años atrás, aunque Cristina siempre se negó a usar la webcam o mandarle fotitos calentonas porque le parecía una soberana pelotudez.

“…cuando estoy con alguien no me gusta que me toquen el cabello, las manos”
“Que feo, ósea nunca podría estar contigo, me llegaría que me limitaras todo el tiempo, peor que novia en la cama de los papas” – le medio bromeaba Cristina.
“No, para nada me encantaría que me acariciaras, me gustaría que fueras tierna conmigo”
“¿Total? Decídete pues!”

Cristina fue cayendo en cuenta de que Humberto no era ni de lejos lo que ella esperaba de un hombre, de seguro si ella le daba pie a algo terminaría lastimada. Además tenía el factor de que él estaba fuera del país y no sabía lo que quería hacer con su vida – si quedarse en el extranjero o regresar.

Una noche mientras conversaban y ella toreaba sus indirectas le dijo lo que pensaba de él.

“Humberto, nunca no podría estar contigo tienes muchas cosas que no me gustan, físicamente estas mas bueno que el pan pero hay otros aspectos de ti que no serian lo mejor para mi”
“:(”

Después de ese día se distanciaron, Cristina extrañaba su atención pero se olvidaba por ratos. Hasta que un día le hablo:

“Como estas?”
“Ahorita no puedo conversar estoy ocupado, hablamos después.”

A ella le pareció cortante y descortés, pero con el tiempo se olvido. Días después se entero que estaba chateando con una amiga – también de Perú – y por lo que veía en los comentarios entre ambos en el Facebook la situación “iba en serio” – si cabe el término en una relación a distancia.

“¿Qué haces?”
“Arreglándome para tomarme unas fotos para mi nena
“¿tu nena?
“Si ella también me manda fotos :)”
“Ah que bacan!”

No podía negar que estaba celosa, por un lado ¿Quien carajos se creía esa mocosa para quitarle la atención que él le daba? Pensaba su lado sado-infantil-sentimental, pero por otro lado sabía que era lo mejor. Que Humberto le gustaba físicamente no había duda, pero lo conocía, quizás era lo que debia de pasar.

“¿Adivina que?”
“¿Que?”
“En un mes estoy en Lima, espérame en Abril, quisiera verte…”
“mmmm… no creo que sea buena idea vernos.”
“Pero ¿Por qué?”
 
Cristina quería verlo, pero se daba cuenta que podía pasar algo más que quedarse en un café o en una cebichería. Le gustaba mucho y ella sabía que la cosa era mutua. ¿Podría detenerla el incipiente amor virtual de Humberto? O acaso ¿pesaría saber que la que saldría lastimada seria ella? Eran preguntas que rondaban su cabeza con pelotas de ping-pong.

Insistió un montón de veces hasta que Cristina se canso y le propuso ir a comer Sushi. 

sábado, 28 de abril de 2012

PC LOVE I

Cristina conoció a Humberto en el último curso que llevo en la Universidad. Hicieron grupo juntos y a pesar de que no había una química extraordinaria entre ambos - y que Cristina estaba enamorada de otra persona - se empezaron a hacer más amigos, más que amigos.

El trabajo del curso que llevaban incluía hacer un caso de negocio, escogieron entonces a D’Onofrio. Humberto tenía un amigo que conocía todos los entresijos de la empresa, así que propuso ir a hablar con él antes de meterse a hacer toda la documentación que los primeros entregables requerían.

Como nadie podía acompañarlos, resolvieron ir solo los dos. Humberto llevo a Cristina en su carro hasta la Av. Argentina donde quedaba la casa de su amigo del colegio, cercana incluso a la fábrica principal de la empresa. Estaciono y bajaron, conversaron largo rato con José - amigo de Humberto - tratando de obtener la mayor información posible y se fueron, no sin antes probar algún helado.

Esa noche Cristina se quedo pasando a limpio los apuntes y tratando de armar los bosquejos de los documentos, hablando de rato en rato por MSN con Humberto, se canso y se quedaron conversando de sus vidas. Se entero que su papa era algo así como conductor de barcos, le pareció una extraña profesión, le recordó a Popeye.

La conversación se extendió hasta la medianoche, cansada de mirar la pantalla le dijo que se iría a la cama, se desconectaron. Cristina se puso la pijama y se metió entre las cobijas, de pronto sintió sonar el celular que había dejado al costado de su cama en el escritorio. Contesto y era Humberto. 

Charlaron de todo un poco, hasta que se dio cuenta que Humberto quería llevar la conversación por un lado más "hot", al principio se asusto - "palteo" es el termino que va mejor - pero al final le siguió la corriente, Cristina que no la amilanaba nada y que recién estaba experimentando la sexualidad - a pesar de tener casi 22 años - tuvo por primera vez en su vida "casi" sexo telefónico. Después de eso siguieron hablando hasta que la batería de su Nokia plomo se gasto y el calor del aparato le quemaba la oreja. Miro su reloj y eran las 4 de la mañana. Se despidió de Humberto y se quedo dormida, relajadísima.

Pasaron los días y se reunieron con los demás compañeros del grupo para terminar el trabajo. Se miraban con cierta complicidad y sin que nadie se diera cuenta se brindaban caricias tiernas, Cristina era también muy tímida por lo que no quería que ninguno de los otros dos compañeros del grupo se diera cuenta de lo que pasaba.

El día de la entrega del primer trabajo se encontraron en la fotocopiadora de la universidad para imprimirlo, ella pensó que todo sería como siempre – entre los dos – pero noto a Humberto mas frio que de costumbre.

“Que pasa? Te noto raro…” – no se aguanto y le pregunto.
“Lo que pasa es que estoy empezando algo con alguien y lo que estamos haciendo está mal.”

Al principio se sintió triste, rechazada, pero como no había más que un gusto físico entre los dos lo sobrellevo bastante bien. La chica con la que estaba empezando una relación vivía en Panamá y la había conocido en uno de esos chats públicos, donde se conoce a cualquier persona de cualquier parte del mundo. Con el tiempo se le paso la desilusión, sin saber bien que había pasado entre ambos.

Cuando hubieron terminado el documento del último trabajo del curso - de haber fumado tabaco y comido toda la comida chatarra del mundo - Gianina, Humberto y Cristina cogieron sus cosas y se despidieron de Carlos que había ofrecido su casa para la última reunión.

Cristina tenía que ir a San Borja y Gianina a Surco, como quedaba de camino Humberto se ofreció a llevarlas, aunque al principio no le pareció lo mejor Cristina finalmente acepto, decidió que iría atrás con Gianina pero el insistió en que ocupe el asiento del copiloto a su lado, so pretexto de que no lo agarraran “de chofer”.

Al lado suyo conversaba mas con Gianina que no se daba cuenta de lo tenso de la situación.

“¿Que te pasa porque estas así, estas molesta?” – le decía bajito Humberto.
“No tengo nada oye que te pasa, no molestes” – le contestaba Cristina cortante, tratando de evitar que Gianina escuchara.

Humberto siguió mandando indirectas sobre la actitud de Cristina todo el camino, hasta que cuando llegaron a la vía Expresa de Javier Prado la situación se puso insoportable.

“Cuando ella se baje, conversamos”
“Yo no quiero conversar nada, no molestes, que espeso…”

Se volteo y sin mirarlo dijo:

“Para en esta esquina, me voy a bajar”

Se oyó un silencio absoluto, Humberto se quedo callado y comenzó a acelerar, acelero y acelero en una actitud entre amenazante e infantil – 99% infantil 1% amenazante – hasta que una luz roja lo detuvo. Cristina abrió la puerta y se bajo.

“Chau Gianina nos vemos en la clase”
“Cristina espérate, no te vayas así” – escucho a lo lejos a Humberto.

Cristina camino incontables cuadras, estaba encolerizada ¿Quién se había creído este tarado para asustarla así? Y más aun, ¿cómo era posible que este mas ilusionado con un amor virtual que con una chica de carne y hueso como ella? ¿Por qué seguía caminando y no tomaba un micro?

Llego el día de la entrega final y la exposición, ambos estaban más tranquilos y como buen equipo funcionaron sin problemas, incluso se apoyaron cuando el profesor encontró un error en los resultados y pidió que todos hablaran - cuando no todos habían leído todo el trabajo.

El curso finalizo y ninguno de los dos se volvió a ver, ni siquiera en la graduación de Cristina. Lo saco de su MSN pero no borro su número de celular.

martes, 24 de abril de 2012

¿Quien llamo a la cigueña? (Baby Boom 1987)

Es el titulo de una de mis películas favoritas de Dianne Keaton, ella encarna a J.C. Wiatt una ejecutiva neoyorkina adicta al trabajo que recibe una herencia muy extraña, una bebita llamada Elizabeth que queda huérfana luego de perder a sus padres – primos de J.C. – en un accidente.

Al principio J.C. decide darla en adopción pero luego se activa en ella su instinto maternal – o de protección- lo que le hace imposible separarse de la bebe. Su pareja la abandona y tiene que enfrentar las dificultades de repartir su vida entre un trabajo demandante y ser mama primeriza.

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Ayer en la visita que hice a una amiga - que esta a punto de dar a luz – nos pusimos a conversar sobre la maternidad. Ahí estábamos 3 mujeres solteras en sus cercanos 30’s – lejanos 20’s – junto a la futura mama disertando que era lo que queríamos en el futuro respecto a ese tema que se vuelve mas titilante, la maternidad.

Por una lado teníamos la idea de la adopción, la idea de dar hogar a alguien que no habia tenido la oportunidad de gozar de uno. También fue mencionada la inseminación artificial, descartada por su alto costo – altísimo en nuestro país.

De las 2 opciones antes mencionadas consideramos – considere - varias preocupaciones importantes: Si no sabes nada de la genética del niño adoptado, o del donante ¿Cómo aseguras que no tenga antecedentes de enfermedades mentales o degenerativas?, si adoptas un niño ¿es posible saber como fue el proceso de gestacion? Y si este fue muy traumatico ¿Esto podría a largo plazo influir en el desarrollo del niño?

Tambien estaba la opción de tenerlo con un amigo, conocido, etc, o de postergarlo por conseguir otros objetivos – si se trata de una pareja objetivos en común – siendo estas opciones de las mas económicas, seguras y menos dificultosas – a mi parecer.

Pero:

¿Qué hay con el reloj biologico?

Vamos que soy mujer, asi que como comprenderán esto que escribo lo hago desde el punto de vista femenino. Conozco hombres que han tenido hijos pasados los 40 pero en el caso de las mujeres, esto no es tan sencillo. Mas aun si existen riesgos mientras mas uno espere para encargar un bebe.

A esto hay que agregar la creciente presión de la sociedad – comprendida por amigos familiares, compañeros de trabajo – deslenguada y metiche que se atreve a preguntar ¿Y cuando?

Creo que la concepción, para el hombre y la mujer, es algo que no puede ser alcanzado por si solo, es la única cosa que no es posible realizar en solitario – a menos que apliques uno de los métodos antes mencionados. Aunque de todas formas es necesario un donador y un receptor. Suena fácil pero alrededor hay un universo entero de factores desde los sentimentales hasta los económicos y culturales, religiosos y eticos.

Entonces si esto es asi, si no depende de uno, si se trata mas bien de un proceso de búsqueda y conocimiento que tiene como objetivo - ulterior, porque no andas por la vida buscando un "padre para tu hijo", precisamente - la elección del espécimen que elijas para compartir genética, entonces:

¿Por qué la gente se mete?

He llegado a la conclusión – no se si correcta - de que es la respuesta primitiva a querer que todos formemos parte de un mismo grupo, sin dejar de lado el hecho de que desde tiempos inmemoriables el ser humano busca perennizarse en el tiempo a través de la descendencia. 

Y lo mas ironico de todo es que la mayoría de mujeres en sus 30s, hace 10 años tenia miedo de salir embarazadas y ahora solo poco tiempo después tenemos al menos un grupo de nuestro entorno como aficionados expectantes a ver ¿Para cuando?

Yo creo que en la vida no hay timeouts – el único es cuando estiramos la pata - , siempre se puede empezar, siempre. Y nadie tiene el derecho de cuestionar el tiempo que le tome a una persona incursionar en un aspecto tan importante, sean los padres, los hermanos o los mejores amigos. 

Sobretodo en un tema que no solo depende de el/ella.