domingo, 24 de junio de 2012

Las flores son para los muertos

“Susana hola, ¿como estas?”
“Bien Yanina, ¿dime que paso?” – era raro recibir una llamada de trabajo en domingo, casi siempre era trabajo urgente o no muy buenas noticias.
“Lo que ocurre es que la mama de Socorro falleció anoche.”


Susana no conocía a la mama de Socorro – su jefa -, pero había escuchado mucho de ella. Conocía de sus largas conversaciones en la oficina, en las que parecía que los papeles se invertían y que la madre era la hija y la hija la madre.

Admiraba el hecho de que su jefa haya decidido tener a su mama en casa, era ya una persona mayor y a los achaques propios de su edad había que agregarle algún tipo de dolencia que la hacía comportarse por momentos, errante y por otros como una niña. Muchas veces Socorro tenía que interceder por ella cuando no quería salir, o cuando quería hacerlo sin motivo alguno, defendiéndola, dándole gusto en lo que podía, acomodando su vida de forma que su gordita – como cariñosamente la llamaba - estuviera siempre bien.


Cuando termino de escuchar Susana se quedo en silencio. La muerte, si bien la entristecía no la hacía llorar, pero quizás el cumulo de cosas por las que había pasado últimamente buscaban escapar – como un rio caudaloso a través de la represa de su maltrecha fortaleza – y lloro, lloro sin saber bien porque.

“Ay pobrecita…” – alcanzo a decir, mientras al otro lado del teléfono Yanina se quedo un poco perpleja, no espero esa reacción.
“Pero ya estaba mayor”
“Si lo sé, pero me da penita”

Le dio los datos del lugar del velorio y la hora, también le dio el encargo de comprar un arreglo floral apropiado que representara a la gente de la oficina. Cortó.

Susana se había olvidado que su mama estaba en la habitación viéndola llorar sin entender el motivo.

“Que paso hijita, ¡no me asustes!”- le dijo mientras Susana se secaba las lagrimas, su mama era nerviosa y lo menos que quería hacer era alterarla.
“La mama de mi jefa ha fallecido.” – alcanzo a decir mientras bebía el vaso de agua que su mama le había pasado para tranquilizarla. Como casi toda mama, conocía a su hija y sabía que a pesar de hacerse la fuerte, era igual de llorona que ella.

Le comento la necesidad de comprar un arreglo floral. No supo bien porque no se le ocurrió pedir algún arreglo a una de esas grandes florerías que incluso hacían delivery, lo único que recordó fue una florería chiquita que quedaba a pocas cuadras de su casa. Le llamaba la atención lo bonita que era por fuera, toda blanca y con luces muy tenues que resaltaban los peluches, los globos y las flores que ahí vendían.

Después de almorzar se dirigieron a la florería, antes de cruzar la pista recibió otra llamada de Yanina, esta vez con un detalle que cambio un poco el panorama.

“A la mami de Socorro no le gustaban las flores, así que el arreglo no puede contener flores, no olvides colocar el nombre correcto de la oficina.”

Mientras cruzaba la pista comenzaba a figurarse que otra cosa se podía llevar a un velorio que fuera representativo y sobre todo respetuoso, dadas las circunstancias.

“¿Qué pasa hijita?”
“Lo que pasa es que a la señora no le gustaban las flores, así que tengo que pensar en otra cosa.”
“¿Y ahora? Vamos a ver pues, capaz a donde vamos se les ocurre algo.”

En el interior de la tienda las esperaba una mujer muy alta y acuerpada, su piel era blanca y sus cabellos rubios – no supo distinguir si naturales – su rostro estaba adornado por una amplia sonrisa, dándoles la bienvenida.

Por dentro el ambiente era tan bonito como en el exterior, flores a la izquierda, globos y peluches a la derecha y al fondo mas flores y una mesita blanca donde una pareja de amigos de la dueña tomaban un chocolate caliente, era una atmosfera realmente romántica y decorada con un muy buen gusto.

“¿En qué te puedo ayudar?” – Susana se dio cuenta que la mujer era brasilera.
“Mira, necesito un arreglo para un velorio. Pero resulta que a la señora que falleció no le gustaban las flores así que hay que pensar en otra cosa”
“Mmm… ¿podría ser un peluche?”
“No lo sé, me parece demasiado personal, estaba pensando más en globos o algo por el estilo”

La mujer saco de su almacén globos de colores, esperando que Susana escogiera. Al final se decidió por unos globos de un rojo metálico intenso. La florista tomo unos globos de muestra e intento armar un bosquejo – si es que cabe el término – de lo que sería finalmente “el arreglo”.

Aunque no del todo decidida Susana acepto, dejo pagado el arreglo y se fue a pasear con su mama, demoraría 40 minutos tenerlo listo, vio su reloj y faltaban un par de horas para que llegara el féretro al velatorio así que se fue tranquila.

A su regreso, Sanya tenía el arreglo listo, era como una explosión de corazones rojos de varios tamaños y en varias alturas. Lo único que le pidió fue que escribiera por ella el letrerito que va en todos los arreglos.

“Tengo pésima escritura” – se excuso y Susana no objeto, aunque tuvo que hacerlo un par de veces para que quedara cuadradito el mensaje.

Salieron de La Provence – así se llamaba la florería – y Susana se sintió un poco extraña parada en una avenida principal con el viento balanceando corazones rojos al lado de su mama, intento sin éxito parar un taxi, cuando al final consiguió uno no regateo ni un solo centavo y se subió.

Las lunas del auto estaban bajas así que el viento comenzó a enredar las tiritas de cada globo, eso la estreso un poco mas por lo que le pidió al taxista que las subiera. Al fin llegaron a la espalda de la iglesia de Fátima en Miraflores, mientras su mama le contaba toda la historia al taxista y Susana se comenzaba a imaginar cómo iba a bajar del taxi y meter el arreglo en el velatorio.

“Mejor baja solita y le dices a la familia que este adentro como es el arreglo y si aceptan lo metes y sino, nos vamos” – le recomendó su mama y Susana pensó que era lo mejor.

Avanzo medio asustada y vio a unos sobrinos de Socorro – o al menos eso imagino que eran – también vio a su hermana, a la que conocía por fotos.

“Hola, soy del trabajo de Socorro, sabíamos que a la señora no le gustaban las flores. Le hemos traído un arreglo de corazones rojos, están dentro del taxi.” – les dijo, señalando el auto donde la esperaba su mama y los globos que asomaban llenos de helio como escapandose por la ventana.

“Si, pasa nomas” – le dijo.

Había estado ya en ese lugar antes – para el velorio de un tío - asi que sin mayor problema se dirigió a una esquinita donde coloco el peso que evitaría que los globos se quedaran pegados al techo y el letrerito con el nombre de quienes lo enviaban. 

Cuando se dio vuelta, se dio cuenta que el féretro ya había llegado – se sintió un poco rara por haber entrado como si nada – también pudo ver que todas las paredes estaban adornadas con globos blancos.

Salió y le dijo a su mama que se fuera nomas, que ella esperaría a su jefa y a algunos compañeros que irían a darle el pésame.

Se sentó afuera del velatorio y encendió un cigarro mientras veia a los chicos que hacían actividades de Boy Scout, algunas parejitas que se hacian mimos en el jardin - en las bancas, en los muros, etc - gente haciendo jogging y niños jugando a la pelota.

En eso vio llegar a su jefa, se levanto y fue a saludarla, estaba un poco nerviosa porque a su hermana le podría haber gustado pero ella podía pensar otra cosa. Podría pasar cualquier cosa en realidad.

“Me dijeron que a tu mami no le gustaban las flores”
“Si, siempre me decía “las flores son para los muertos” no las soportaba ni en la casa”
“Bueno traje ese arreglo de la esquina, de parte de toda la oficina”
“Esta lindo, resalta en el ambiente donde casi todo es blanco” – le dijo, luego de un silencio que a Susana le pareció eterno.

Converso unos minutos con ella hasta que tuvo que entrar para ver asuntos propios del velorio o quizás saludar a algunos familiares. Por cortesía – y porque no había nadie más a su lado – se quedo conversando con una amiga de colegio de Socorro largo rato hasta que esta se fue y llegaron sus demás compañeros de la oficina.

Como a las 8 de la noche se fue, no sin antes llamar a su mama para ver si quería recogerla de donde estuviere. Ingreso al velatorio para despedirse de Socorro.

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Pasaron los días y Socorro se reincorporo a sus actividades laborales, al sentarse en su escritorio se dio cuenta que había perdido una foto que tenia de su mama – la ultima que se tomo con ella – un poco desesperada comenzó a buscarla entre sus cosas.

“Pero ¿donde fue el último lugar donde la viste?” - le decia Susana intentando ayudarla.
“En el banco, en la caja del banco”
“Pues ahí deben seguir”

Cuando regreso con las fotos le conto a Susana lo trabajoso que fue encontrar con sus hermanas un nicho frente al mar – porque su mama adoraba el mar – y que el destino final de los globos de corazones rojos había sido el cielo, porque antes de irse los soltó para que se fueran a donde quisieran.

Fin.

domingo, 10 de junio de 2012

Creer o no creer?

Que es mejor o peor? Creer o no creer?

Estos días han sido extremadamente filosóficos- por no decir complicados. La hermana de una amiga muy querida falleció de cáncer y cuando me acerque a ella durante el velorio y se puso a llorar en mi hombro intente consolarla hablándole de Dios.

“Que Dios sabe porque hace esas cosas, que Dios le dará sabiduría y fortaleza. Que Dios (la vida/Dios/la vida?) te pone pruebas”

Mientras las palabras salían de mi boca y las lagrimas de mis ojos intentaba hallar algo de razón (para mí) en lo que le decía. Casi nunca digo cosas serias por decir y en esa situación se me hacia más difícil porque trataba de asumir cada palabra:

“Carol, estas mencionando a Dios entonces crees en Dios…” – Decía una parte de mi.
“No, lo digo porque no se que mas decir y porque en parte el concepto de Dios puede suplir al del destino o las zarandeadas que nos da a veces la vida…”

Luego salí a fumarme un cigarro y a pensar en la vida, en lo rápido que puede cambiar, el cáncer se la había llevado en 6 meses. El tiempo en que uno se proyecta ahorrar para un viaje, bajar de peso en el gym, etc., etc.

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Me acorde de otro amigo, me conto que el papa de una amiga suya se fue en 3 meses por la misma enfermedad, cáncer. Es el tiempo en el que me proyecto hacer otro laceado, en 3 meses espero comenzar a aprender francés, en ese tiempo espero haber subido - al menos una vez – al ring con alguien para entrenar Muay Thay.

También pensaba en esa amiga de otra amiga, aquella que vivía cada día como si fuera el último, hasta que vivió el último de sus días cuando su camioneta se volcó en la carretera y murió instantáneamente. No estaba tomada, no se durmió, otro carro se le cruzo y su vida se detuvo.

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Prendo otro cigarro, mis amigos no llegan, me empiezan a sudar las manos.

Hace unos meses leí un post de Clemente Ga Novella, un español – ateo- que hablaba sobre lo que pasaba con las personas creyentes a las que les pasan desgracias como perder a un familiar cercano, por ejemplo.

El decía que podían pasar dos cosas: que la persona se aferre a su creencia y eso le ayude a salir a delante o que se comience a cuestionar sobre lo que cree para finalmente darse cuenta de que quizás no hay un cielo, no hay un Dios que lo ve todo y al que – como algunos dicen - hay que temerle.


 Debo aceptar que a mi me paso lo segundo. Cuando paso algo que movió mi fuero interno, si bien no deje creer, deje de creer ciegamente comenzando a racionalizar cada pensamiento al respecto y la verdad no me arrepiento.

Y cuando en mi vida volvió a ocurrir algo que me hizo ver del tamaño de una hormiga los problemas que – a veces – me atormentaban, trate de no pedirle a Dios que me ayudara, no le pedí que sanara a esa persona que yo quería.


La verdad eso no ayudo mucho a tranquilizarme – lo empeoro. La mejor forma de graficarlo es estar parada frente a un gran abismo y no saber qué hacer, ni que habrá allá abajo y sentir que el dolor que sientes – el miedo que te paraliza - no es tan importante porque hay alguien que la vive y que necesita tu apoyo. La única cosa que opte por hacer fue no pensar, no pensar en esa palabra que no quieres mencionar cuando la salud es esquiva, y esa palabra – también esquiva - es la muerte o las consecuencias de la enfermedad.

Ahora ya pasado el tsunami inicial, la semana pasada recibí buenas noticias:

“las células malignas no han salpicado a otros órganos y quedan muy pocas” – leía en mi celular.

De más esta decir que me alegre como si hubiese autografiado mi primer libro, sin embargo después pensé y decidí tomar las cosas despacio. Tener esperanza, esperar lo mejor pero no confiar ciegamente en que todo ira de maravillas. Aunque de verdad deseo – con todo mi corazón - que sea así.

Y aun después de toda esta reflexión, sigo sin saber ¿que es mejor? ¿Creer o no creer? Quizás - subrayado y en negrita - tenga algo de razón lo que me dijo una amiga, a la que siempre atormento con mis cuestionamientos “religiosos”:

“No hay que dejarle a Dios tremendo encargo de salvar o sanar a alguien.” – aunque acertada, esta afirmación sigue sin satisfacer mi pregunta.

jueves, 31 de mayo de 2012

Una historia de terror

Nota de la autora: Esta es una historia de ficcion, todos los personajes mencionados son imaginarios.

Era un día común y corriente en el aeropuerto, la van de la aerolínea la recogió como siempre. Por más que quiso no pudo dormir, dada la corta distancia que había entre su casa y el Aeropuerto.

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Hacía poco que Susana había empezado a trabajar en el counter, antes había trabajado en atención al cliente pero siempre tuvo en mente trabajar en ese ambiente tan sofisticado donde podía practicar su ingles y otros idiomas de los turistas que por ahí pasaban.

Aunque espero trabajar en una gran aerolínea acepto el puesto que le ofrecieron en la naciente AeroStar ya que tenia vuelos nacionales e internacionales.

Pero no todo era felicidad en su nuevo trabajo, algunas aeromozas la miraban por encima del hombro y eso no le gustaba, por eso se esmeraba en su arreglo personal y en su manera de hablar, en especial cuando lo hacía en algún idioma diferente al español. Otro aspecto que le intranquilizaba eran los agentes de prevención de tráfico de drogas y de la DEA, que deambulaban de incognitos o con sus perros por todo el aeropuerto.
A veces le daba lástima cuando atrapaban a algún burrier, se imaginaba la situación difícil por la que – quizás – atravesaban para llegar al extremo de transportar droga, o lo inmaduros que tendrían que ser para pensar que ese era un camino “fácil” para obtener dinero.

Desde que empezó había visto desde los usuales burros que traen la droga escondida en la maleta – de las formas más ingeniosas -, los que ingieren capsulas de cocaína y que son traicionados por sus propios nervios hasta las personas que aunque inocentes despertaban las sospechas de las autoridades y terminaban con sus maletas destrozadas y los nervios aun mas crispados.

“Pero les reponen la maleta al menos”- le contaba a su esposo Camilo.

Una de las reglas más importantes – entre muchas otras - era que no se podía acercar ni antes ni después a ningún sospechoso, eso la podría perjudicar y hacer ver como cómplice, así que la cumplía al pie de la letra.

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Pero ese día en especial no vio nada sospechoso en aquella mujer de cabello largo que sostenía a un niño pequeño en brazos, estaba dormido, aparentaba tener menos de un año y lo tenía tapado con una colchita celeste.

Si bien no se podía acercar, se entretuvo viéndola con detalle. Tenía el pelo bastante descuidado de un color casi cucaracha, su piel un poco pálida estaba marcada por ligeras arrugas, pero la más pronunciada era la que tenia entre las cejas. Traía un buzo celeste sintético y unas zapatillas blancas, casi nuevas. Su vuelo partia rumbo Madrid y estaba a quince minutos de perderlo.

“Debe renegar mucho o dormir poco, quizás por el niño”- pensó.

Los agentes le quitaron las valijas y las empezaron a revisar, sacaron todo pero no encontraron nada, destriparon las maletas esperando encontrar alguna superficie donde poder colocar el químico que cambiaria de color indicando que se trataba de clorhidrato de cocaína y nada.

Cansados de buscar en las maletas llamaron a un agente de la DEA que se acerco con un perro, a Susana le recordó al perro del programa de los 80’s “Tres por tres” entro muy amigable pero se fue directo a la maleta – guiado en parte por el agente encargado – luego, para sorpresa de todos se abalanzo sobre la señora y el niño.

Susana espero que el niño despertara, sin embargo solo se escuchaban los pedidos de la señora para que le quitaran al perro de encima, por nada del mundo soltaba al bebe que tenía en brazos.

“El instinto maternal”- pensó.

Pero al agente de la DEA le pareció extraño su comportamiento y el hecho de que el niño no se sobresaltara al sentir el peso del perro y los sonoros ladridos que emitió al acercarse.

“Señora deje al niño en la mesa.”

La mujer lo miro y con expresión resignada dejo al pequeño sobre la fría mesa de metal a la que la habían llevado para interrogarla y revisar sus cosas. El agente se acerco y destapo al niño que yacía como dormido.

Susana lamento haber gastado tanto en desayuno ese día en la cafeteria mas fashion del aeropuerto, lamento no haberse enfermado ese día y haber faltado, quizás así se hubiese evitado ver lo que vio y solo habría sido un chisme mas, uno truculento pero chisme al fin. No habría ninguna imagen asociada a el, pero no había nada que hacer.

El niño que aparentemente dormía en los brazos de su madre era el cadáver de un bebe de aproximadamente nueve meses, estaba de alguna forma disecado con una costura que iba desde el inicio del cuello y terminaba debajo del ombligo, lo habían usado de burro y estaba relleno de droga.

Salió del cuarto mareada y pálida, con unas ganas intensas de vomitar pero sobretodo con un deseo inmenso de sufrir de amnesia en ese instante y olvidarse de lo que había visto, pero no pudo. Necesito de un largo rato para recomponerse, pero finalmente lo logro, sin embargo la imagen se le quedo grabada de por vida.

Desde ese día Susana perdió un poco la fe en la humanidad, comenzó a creer que un pedazo del infierno estaba aquí en la tierra y que andaba esparciendo por todo el mundo sus blancas semillas.

Fin.

lunes, 28 de mayo de 2012

Lorenzo - Parte III

“Lorenzo el desayuno ya está listo…” – le decía Pamela
“Ay ya un ratito mas, déjame dormir un ratito mas…” – modorreaba Lorenzo

Se levanto con flojera se puso las pantuflas y se fue al baño. Se ducho y aseo, se puso casi en modo automático el uniforme plomo. Bajo al comedor.

Micaela estaba lista tomando el desayuno, las trenzas que Pamela le había hecho le apretaban tanto que parecía la nieta del señor Miyagui. Graciela supervisaba que Lucas no se quemara con la avena caliente. Benito leía el periódico y comentaba de rato en rato con su esposa.

“Buenos días jovencito, es el mayor y se levanta ultimo” – con los años se había vuelto un poco más duro con Lorenzo, dizque para forjarle el carácter, aunque no se aguanto y le meso el cabello despeinándolo.
“Papa! Ya pues…” – se quejaba Lorenzo
“Mucho gel, mucho gel!”

Llevo a los 3 al colegio, antes de bajar repartió las propinas entre los dos mayores y se encargo de llevar a Lucas que aun estaba pequeño para cargar mochila y lonchera.

“Chau Mica, nos vemos a la salida fea!” – se despedía de su hermanita mientras le jalaba una trenza.
“Y tu mostro… le voy a decir a mi papa que me jalas mis trenzas!”

Don Justino era el conserje del colegio, vivía con su esposa y su pequeño hijo en una casita de triplay al lado del estrado principal que quedaba en el patio. Su esposa también se encargaba de la limpieza general y en sus ratos libres se las agenciaba para vender sanguches de pollo y “marcianos” (helados de hielo), estos eran los favoritos de Lorenzo.

Ese día durante el recreo Lorenzo fue a tocar la puerta de la casa de Justino.

“Seño deme 1 marciano de lúcuma con leche por favor”
“Pasa Lorencito, pasa que estoy con el bebe” – Le dijo María.

La casa era en realidad una caja con huecos en los altos que asemejaban ventanas, un solo ambiente que había sido dividido por cortinas. Lorenzo siempre que entraba intentaba adivinar dónde estaba el baño. La cocina estaba pasando el “patio” de la casa de Justino – que no era más que un par de metros cuadrados donde María colocaba las bateas con la ropa que lavaba. Entro a la cocina abrió la refrigeradora saco el marciano y dejo la plata sobre la mesa.

“Estoy dejando la plata encima de la mesa seño…”
“Ya hijo, gracias.”

Salió de la cocina, cuando se dirigía a la puerta escucho:

“cuac!”

Se detuvo, empezó a mirar a los lados.

“cuac cuac!”
“Seño María, ¿aquí hay patos?”
“Si Lorencito, Justino los ha traído hoy del mercado, para comer dice”

Detrás de unas cajas apiladas estaban dos patitos metidos en una caja de leche Gloria, a Lorenzo le llamo la atención las franjas a los lados de la cabeza de cada patito, le recordaban a las tortuninjas, tenían el pecho amarillo y todo lo demás era de un negro brillante.

“Están bonitos, seño”

Lorenzo salió y se comió rápido el chupete, Vilela el profesor de educación cívica y el encargado de la disciplina de los grados secundarios había tocado ya el pito que indicaba que el recreo había finalizado.

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Jorge Vilela era un "poquito" chauvinista, al menos eso decía Benito cuando Lorenzo le contaba las cosas que les decía cuando les llamaba la atención.

Era usual que en los intervalos entre una materia y otra los chicos del 5to grado se “relajaran”, esto significaba sentarse en el piso y conversar de nada, jugar a tirarse papelitos, rellenar slams o escribir poemas como Lorenzo hacia mientras no lo veían sus amigos. Le gustaba una chica - Pilar - y desde que supo que ella le correspondía no dejaba de escribir, era como una catarsis para ese remolino de sentimientos nuevos que lo embargaban.

Un día mientras reinaba la anarquía en el salón se escucharon los pasos de Vilela, todos los chicos se pararon y Lorenzo guardo rápidamente sus apuntes.

“De pie!”

Comenzaba entonces con su acostumbrado discurso “patriótico”, recordando a los soldados de la guerra del Pacifico, a las mujeres vejadas y a las bibliotecas incendiadas de aquella época.

“Y ustedes que tienen la oportunidad de estudiar se la pasan perdiendo el tiempo!”

Todo mientras caminaba de forma – ligeramente – amenazante, mirándolos a todos por encima de sus amarillentas gafas.

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“Firme! Descanso! Atención!”

Mientras Vilela informaba sobre los preparativos del aniversario del colegio – que se celebraría el sábado de esa semana – unos extraños ruidos irrumpieron en medio del patio principal.

“cuac!”

Intento sin éxito continuar con la descripción de la kermese, de los sorteos y del castillo de fuegos artificiales para cerrar la celebración, ya nadie lo escuchaba.

“cuac, cuac!”

Todos empezaron a reírse, si Vilela hubiera tomado deportivamente la situación quizás ese hubiera sido el único, y extraño, momento - desde que Lorenzo lo conocía- en el que lo había visto reír .

Pero ocurrió todo lo contrario, Vilela rojo de cólera dio rápidamente las indicaciones para que los alumnos retornaran a sus aulas, mientras miraba alrededor para ver de donde provenían los “cuacs”.

Lorenzo y su amigo Divi se quedaron agazapados detrás de los muros del balcón, alzando la cabeza de rato en rato para ver qué pasaba. Así fue que vieron a Vilela entrar a la casa de Justino, aunque no escucharon lo que ahí dentro acontecía se imaginaron la regañada que – efectivamente – le dio a María por tener animales en su casa. Solo alcanzaron a verlo salir con la caja donde Lorenzo imaginaba que estaban los patitos.

Temiendo por el destino de los animalitos busco a Justino en el baño de hombres y le conto lo sucedido.

“Justino si deja a Vilela con esos patos seguro se los lleva a su casa y los convierte en arroz con pato”
“Pero que hago pues Lorencito, no tengo donde ponerlos”
“mmm… creo que los puedo llevar a mi casa, dígale a Vilela que los va a vender al mercado y me los da a la salida” - Lorenzo no había tenido una mascota desde su conejo Brad Pato así que imagino que su papa no iba a oponerse a su decisión.

Así fue como Vilela – aun masticando su cólera – le entrego a Justino los patitos y este a la salida se los entrego a Lorenzo.

“Yo solo te digo que no quiero esos patos ensuciándolo todo en el patio, son tu responsabilidad esa es la única condición para que se queden” – le advirtió Graciela.
“Si se portan mal los cocinamos pues mami” – intervino Micaela.
“Calla monga, a ti te vamos a cocinar …pero las trenzas!”

Pasaron los días y efectivamente Lorenzo se hizo cargo de los patos sin ningún problema. Meses después, Cua cua y Gansito, aquellos lindos y tiernos patitos se convirtieron en patos grandes y gordos. Ambos machos no presentaban ningún problema y vivían en armonía en el patio junto a los pájaros de Graciela.

Hasta que llego el día en que Lorenzo se lastimo el tobillo.

Cuando llego a su casa cojeando del colegio, Pamela se alarmo y llamo a Graciela que aun estaba dictando clases en el turno tarde.

“Pero que paso hijito?”
“Nada mama, jugando a la pelota en el recreo pise mal y me lastime nada mas, no te preocupes” – invento para no decir que se había doblado el tobillo al bajar distraído un escalón, por andar mirando embobado a Pilar.
“Vamos a ver como evoluciona, si no es nada debe estar mejor en unas horas con la pastilla que le he dado”- contesto Benito.

Ya en la noche el tobillo se le había hinchado y cuando lo llevaron al médico este dijo que lo que tenía era un esguince y que había que enyesarle el pie durante quince días para que sane bien.

“Ahora ¿quien va a cuidar mis patos?”
“Yo puedo, papa, yo puedo!”
“Tu estás loca? No quiero que mis patos mueran estrellados por Pamela o que se escapen a la calle y les atropelle un carro.”
“Ya no te pases Lorenzo, dale una oportunidad a tu hermana”- finalizo Benito.

Al principio Micaela se hizo responsable de los patos con mucha dedicación, pero con el tiempo fue aflojando y “engriéndolos” demasiado.

Una tarde en que Lorenzo descansaba en su habitación – caminar con yeso requería mucho más esfuerzo – oyó unos estruendos en el patio.

“cuac! Cuac! Cuac!”

Micaela había dejado a los patos fuera de su jaula, Cua cua y Gansito no encontraron mejor actividad que comerse el pasto mientras ensuciaban todo el patio. Todo el jardín era una piscina de lodo y regalitos de los patos.

“Micaela mete a los patos en su jaula sino le diré a mi papa cuando llegue!”
“Pero no caben están todos apretados en esa jaula, no es mi culpa ya?”
“Tiene razón Lorenzo, esos patos están muy grandes hay que ponerlos en un lugar donde estén libres y puedan andar a sus anchas” – le dijo Pamela.

Lorenzo se dio cuenta que tenía razón y esa noche lo converso con sus papas.

Ningún tema relacionado a sus hijos era poca cosa para Benito así que le propuso conversar con un amigo suyo de Lima, que trabajaba en el parque de las leyendas, quizás ahí podrían estar mejor atendidos con otros animales y en un lugar más apropiado. Al principio a Lorenzo le dio un poco de pena separarse – nuevamente – de sus mascotas pero luego entendió que era lo mejor.

Así fue que al día siguiente se comunico con Rodrigo que también era veterinario, este acepto la propuesta, pero le dijo que no le aseguraba que los animales se acostumbraran al ambiente o al clima, sin embargo le tranquilizo diciendo que las probabilidades de que asimilaran el cambio eran bastante altas.

“Lo vamos a llevar juntos a Lima, tengo que ir un par de días y podemos pedir una licencia en tu colegio para que me acompañes”
“Y mi yeso?” – le contesto Lorenzo mientras se miraba la bota toda llena de autógrafos de sus amigos de colegio y garabatos de Micaela y Lucas.
“Te lo quitan en un par de semanas, ahí vamos, no te preocupes.”

Durante ese tiempo Pamela, con el consentimiento de Benito y Graciela, permitió que los patos estuvieran en el patio todo el tiempo que quisieran, total igual tendría que reponer sus flores, limpiar y colocar el pasto nuevamente.

Cua cua y Gansito como presintiendo su partida hacían más ruido que de costumbre – y mas desastre – como para llamar la atención de Lorenzo y Micaela.

Cuando llego el día del viaje, cada pato fue ubicado en una caja grande y fueron dispuestos en la parte de atrás de la camioneta de Benito, Lorenzo se sentó en el asiento de copiloto y juntos emprendieron el viaje que tomaría unas 16 horas de Cajamarca a Lima. Pararon solo para desayunar y llegaron a Lima al mediodía.

Lo primero que hicieron antes de instalarse en el hotel – e incluso almorzar – fue ir al Parque de las Leyendas donde los esperaba Rodrigo.

Lorenzo imagino que todo demoraría el tiempo suficiente para acostumbrarse a la idea de dejarlos pero todo sucedió muy rápido.

“Benito! Como estas compadre, este es tu hijo? Que grande estas Lorenzo”
“Si hermano tengo 3, Micaela y Lucas están en Cajamarca, hemos venido solo los dos. Saluda hijo”
“Como esta señor, donde los va a poner a mis patos?”
“Hay un estanque donde van a estar bien cómodos y un área donde pueden caminar como quieran, no te preocupes van a estar bien atendidos acá.”

No hubo necesidad que entraran al parque, Rodrigo había traído su camioneta, cargo cada caja conteniendo a Cua cua y Gansito, que lucían algo nerviosos.

“Bueno hermano, a ver si nos vemos antes que regreses pues, con la gente de la promoción”
“De acuerdo Rodrigo te dejo mi tarjeta avísame nomas y lo coordinamos”
“Cuídate Lorenzo, no te preocupes por tus animales”
“Está bien señor, hasta luego”
“Chau.”

Rodrigo subió a su camioneta, arranco y comenzó a avanzar por el estacionamiento del parque, Lorenzo como impulsado por la nostalgia comenzó a seguirlo, primero caminando y luego corriendo como podía – aun no se acostumbraba a caminar sin el yeso – luego se detuvo, quizás por la vergüenza de expresar esos sentimientos en frente de su padre – ya no era un niño -o por que le empezó a doler el tobillo por el esfuerzo.

“Tranquilo hijo, van a estar bien, has tomado una buena decisión hijito.”
“Si estoy bien papa, estoy bien.”

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Un año después, Lorenzo regreso a Lima para estudiar Veterinaria en la San Marcos, junto a Divi que estudiaría Derecho en la misma universidad. Decidieron un fin de semana ir al parque para saber que había sido de los patos de Lorenzo.

Se acercaron al estanque de los patos, había muchos nadando contentos, si bien no reconoció ni a Cua cua ni a Gansito, uno de los patitos se salió del estanque y se acerco a la reja que separaba a los animales de las personas, saludándolos con un “cuac cuac!”.

“Oye Lorenzo, ahí está pues ese debe ser tu pato” – le dijo Divi con un poco de sorna.
“No seas palomilla pues Divi…la verdad no lo sé, pero me parece que este hasta me está sonriendo.”

Fin.

martes, 24 de abril de 2012

¿Quien llamo a la cigueña? (Baby Boom 1987)

Es el titulo de una de mis películas favoritas de Dianne Keaton, ella encarna a J.C. Wiatt una ejecutiva neoyorkina adicta al trabajo que recibe una herencia muy extraña, una bebita llamada Elizabeth que queda huérfana luego de perder a sus padres – primos de J.C. – en un accidente.

Al principio J.C. decide darla en adopción pero luego se activa en ella su instinto maternal – o de protección- lo que le hace imposible separarse de la bebe. Su pareja la abandona y tiene que enfrentar las dificultades de repartir su vida entre un trabajo demandante y ser mama primeriza.

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Ayer en la visita que hice a una amiga - que esta a punto de dar a luz – nos pusimos a conversar sobre la maternidad. Ahí estábamos 3 mujeres solteras en sus cercanos 30’s – lejanos 20’s – junto a la futura mama disertando que era lo que queríamos en el futuro respecto a ese tema que se vuelve mas titilante, la maternidad.

Por una lado teníamos la idea de la adopción, la idea de dar hogar a alguien que no habia tenido la oportunidad de gozar de uno. También fue mencionada la inseminación artificial, descartada por su alto costo – altísimo en nuestro país.

De las 2 opciones antes mencionadas consideramos – considere - varias preocupaciones importantes: Si no sabes nada de la genética del niño adoptado, o del donante ¿Cómo aseguras que no tenga antecedentes de enfermedades mentales o degenerativas?, si adoptas un niño ¿es posible saber como fue el proceso de gestacion? Y si este fue muy traumatico ¿Esto podría a largo plazo influir en el desarrollo del niño?

Tambien estaba la opción de tenerlo con un amigo, conocido, etc, o de postergarlo por conseguir otros objetivos – si se trata de una pareja objetivos en común – siendo estas opciones de las mas económicas, seguras y menos dificultosas – a mi parecer.

Pero:

¿Qué hay con el reloj biologico?

Vamos que soy mujer, asi que como comprenderán esto que escribo lo hago desde el punto de vista femenino. Conozco hombres que han tenido hijos pasados los 40 pero en el caso de las mujeres, esto no es tan sencillo. Mas aun si existen riesgos mientras mas uno espere para encargar un bebe.

A esto hay que agregar la creciente presión de la sociedad – comprendida por amigos familiares, compañeros de trabajo – deslenguada y metiche que se atreve a preguntar ¿Y cuando?

Creo que la concepción, para el hombre y la mujer, es algo que no puede ser alcanzado por si solo, es la única cosa que no es posible realizar en solitario – a menos que apliques uno de los métodos antes mencionados. Aunque de todas formas es necesario un donador y un receptor. Suena fácil pero alrededor hay un universo entero de factores desde los sentimentales hasta los económicos y culturales, religiosos y eticos.

Entonces si esto es asi, si no depende de uno, si se trata mas bien de un proceso de búsqueda y conocimiento que tiene como objetivo - ulterior, porque no andas por la vida buscando un "padre para tu hijo", precisamente - la elección del espécimen que elijas para compartir genética, entonces:

¿Por qué la gente se mete?

He llegado a la conclusión – no se si correcta - de que es la respuesta primitiva a querer que todos formemos parte de un mismo grupo, sin dejar de lado el hecho de que desde tiempos inmemoriables el ser humano busca perennizarse en el tiempo a través de la descendencia. 

Y lo mas ironico de todo es que la mayoría de mujeres en sus 30s, hace 10 años tenia miedo de salir embarazadas y ahora solo poco tiempo después tenemos al menos un grupo de nuestro entorno como aficionados expectantes a ver ¿Para cuando?

Yo creo que en la vida no hay timeouts – el único es cuando estiramos la pata - , siempre se puede empezar, siempre. Y nadie tiene el derecho de cuestionar el tiempo que le tome a una persona incursionar en un aspecto tan importante, sean los padres, los hermanos o los mejores amigos. 

Sobretodo en un tema que no solo depende de el/ella.

sábado, 7 de abril de 2012

La muerte y la doncella - Roman Polański (1994)

La verdad no recuerdo cómo fue que llegue a saber de esta película, quizás el tema – interesante para mí  - hizo que la buscara y rebuscara en Internet, hasta que hoy la encontré.

La muerte y la doncella narra la historia de Paulina Escobar, una mujer que en su juventud – la cual transcurre durante la dictadura de “algún” país latinoamericano – es capturada y torturada. Luego de ese episodio funesto se casa con Gerardo, activista y director de un diario opositor a la dictadura, a quien ella nunca delata a pesar de las vejaciones a las que es expuesta.

Caída la dictadura Gerardo asciende escaños en la política llegando incluso a tentar un puesto importante dentro del gobierno. Sin embargo, Paulina sufre permanentemente al sentir que su esposo se pierde en la espiral política y no hace nada por sacar a la luz los casos de tortura –en especial el de su esposa – mientras vive prácticamente en el anonimato y con un temor que no desaparece.



Es así como una noche lluviosa, Gerardo es auxiliado por un hombre que lo lleva hasta la casa donde lo espera Paulina. Al escuchar su voz, ella se da cuenta de que el buen samaritano es uno de sus torturadores, Roberto Miranda aquel que la violaba mientras escuchaba “la muerte y la doncella” de Schubert.

En un primer momento ella decide huir atemorizada, pero luego regresa con la misión de cobrar venganza – o justicia – hacer que el confiese sus crímenes.

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Uno de los cursos más gratificantes que lleve durante el ciclo en el que intente seguir Periodismo como segunda carrera fue Ética, el profesor era el decano de Estudios Generales Letras en aquellos tiempos, Fidel Tubino.

Lo que más me gustaba eran los debates, y uno que recuerdo de forma particular fue aquel en el que el profesor deslizo la siguiente pregunta:

"¿La tortura es válida? ¿En qué casos es aceptable? ¿En qué casos no?"

Como era de esperarse todo el mundo quería dar una opinión, chicos de primeros ciclos en sus efervescentes 19 o 20 años, tenían las palabras e ideas saliéndoles a borbotones. Yo decidí callarme y escucharlos.

“Si es para salvar la vida de mucha gente yo creo que sería válido” – dijo uno.

“¿Y qué número de personas seria el adecuado para que la tortura sea el método valido para obtener información o alguna confesión?” – repregunto Tubino.

Silencio absoluto.

En las prácticas de ese curso, que a diferencia de Generales Ciencias parecían más laboratorios de opinión, leíamos a Kant, Hannah Arendt y estudiábamos sobre la moral, la metafísica de las costumbres, el imperativo categórico y el mal radical.

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Siempre me ha interesado el tema de los derechos humanos – estudios sobre género, etc. - y por épocas me interesaba en investigar acerca de alguna dictadura y sus mecanismos de persecución y tortura, por la época en la que lleve el curso de Ética me llamo la atención la dictadura chilena.

Conocí a Víctor Jara un músico que durante el golpe de estado fue capturado y golpeado hasta la muerte para finalmente ser ultimado con un disparo en la cabeza. También conocí la historia de las familias de los desaparecidos, los que muchas veces eran reconocidos décadas después por las esposas o por los hijos. Supe de las historias de mujeres torturadas y quebradas en su más intima esencia, que delataron a sus compañeros de ideas y a muchas otras que fueron asesinadas durante la dictadura de Pinochet.

También investigue sobre algunos torturadores, en especial sobre cómo fueron durante y después de la dictadura. Algunos trabajaban como personas probas en instituciones del estado, otros como Osvaldo “el guatón” Romo habían sido capturados y ya estaban cumpliendo sus condenas.

De todas, la historia de OsvaldoRomo fue la que más me impresiono, de forma particular escuchar una entrevista que cedió – ya preso – en el año 1995 a un canal de Miami.

En ella no solamente dio una macabra clase de tortura, contando con el más sosegado detalle las partes del cuerpo del ser humano – en especial de las mujeres - que eran más sensibles a la electricidad sin provocar la muerte. La forma de golpear sin dejar marcas y el final de los cuerpos de aquellos que no soportaron más las atroces vejaciones de las que eran víctimas.

Y lo más increíble era que en su voz, en sus palabras no cabía el menor atisbo de arrepentimiento, creía que era un trabajo sucio que alguien tenía que realizar por el bien de todos. Fue así que elegí a Osvaldo Romo como ejemplo de mal radical en una de las prácticas de aquel curso de Ética.

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Puede sonar extraño pero creo que la tortura afecta en gran medida a ambas partes. No solo rompe a la persona que recibe la agresión en su núcleo mas interno, también deforma de forma profunda e irreversible la visión del torturador acerca de la humanidad, de la piedad, del bien, trastorna su visión del poder y lo lleva al nivel mas deshumanizado posible.

El torturado vive con esa horrible experiencia durante toda su vida y su verdugo las lleva igual aunque aumentadas por la culpa, una enorme culpa que – a veces – trata de maquillar con un cinismo absoluto. A veces maquillar – o callar - la propia conciencia puede ser igual de insoportable.

Finalmente sobre la búsqueda de justicia – o venganza – pienso que a veces lo primero es más difícil de alcanzar que lo segundo. No obstante la búsqueda incansable de venganza – ojo por ojo, la ley del taleon, pena de muerte, etc. – nos acerca más a aquello de lo que justamente queremos escapar o dejar atrás para seguir viviendo.